Semanas de polémica, populismo y dogma. En eso se resume lo que ha pasado en la administración del presidente Donald Trump en EU con el cumplimiento de sus primeros cien días de gobierno. Un Presidente hiperactivo que no enfoca su atención en pocos sino múltiples temas al mismo tiempo: Obamacare, el Tratado de Libre Comercio (TLC) con México y Canadá, los escándalos de colaboradores ligados a Rusia, el racismo manifiesto y la agenda ultraconservadora, entre otros. Es un ciclo noticioso sin fin de polémica e incertidumbre.

Uno a uno, salvo excepciones, los temas de la agenda de Trump se han ido desmoronando por su propio peso en el Congreso o en las Cortes. Sin embargo, la narrativa de la renegociación (o salida) del TLCAN sigue latente y genera incertidumbre en la región. Los vaivenes de decisiones tomadas a la ligera por la administración causan caos fuera y adentro.

Para muestra un botón: reportes de diversos medios como The New York Times, Politico y otros describen un episodio curioso en donde los miembros más recalcitrantes de la Casa Blanca (como Steve Bannon) llegaron a escribir un borrador de una orden ejecutiva donde se ordenaba la salida de EU del TLCAN ante la celebración de los primeros cien días de la administración. Ante el riesgo de ello, miembros más moderados de la Casa Blanca llegaron al extremo de llamar a funcionarios de gobierno del primer ministro Trudeau de Canadá y del presidente Peña Nieto. En ambos casos, las alertas generaron llamadas por teléfono de ambos líderes a Trump, evitando así el cataclismo.

Contradiciendo su propia retórica populista, el propio Trump admitió que la salida del TLCAN sería “un gran shock al sistema” y prefería renegociar el tratado en vez de salir por completo. No se sabe exactamente si era una táctica para ganar tiempo, hablar a su base, partir de una negociación de fortaleza o todos. Lo que es manifiesto es que la arrogancia de Trump es su gran debilidad; al subestimar a las contrapartes en cualquier negociación y considerarlos inferiores es un error garrafal. Los negociadores del lado mexicano (como el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo,) o canadiense tienen amplia experiencia en negociaciones de esta naturaleza. Adicional a ello, actores internos de EU y su gobierno están en desacuerdo con la salida del TLCAN; entre ellos, diversos congresistas de la frontera con México –cuyos distritos se verían afectados- y hasta miembros moderados de la propia Casa Blanca.

Lo más curioso de ello es que las principales razones del odio manifiesto de Trump al TLCAN es que ha generado pérdida de empleos manufactureros en EU, crea un déficit en la balanza comercial y “es el peor tratado de la historia”. Con ello le habla a la base de la clase media y baja que ha perdido capacidad económica y empleos en estados como Florida, Texas, Michigan y Pensilvania. Sin embargo, paradójicamente, de los diez estados principales que se benefician del tratado y con mayor dependencia de empleos en el mismo, siete votaron mayoritariamente por Trump.

Ahí la contradicción: la salida del TLCAN crearía pérdidas incuantificables no sólo para México y Canadá, sino también para EU y la propia base de votos de Trump.


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