Un año. 3 de junio de 2018 es la fecha clave futura para los candidatos y actores políticos que lucharán por posicionarse en la arena política. Es ahí cuando se llevarán a cabo elecciones cruciales a nivel federal y estatal: una elección Presidencial y las de 500 nuevos miembros de la Cámara de Diputados, 128 de la Cámara de Senadores y los gobernadores de estados como Chiapas, Ciudad de México, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Puebla, Tabasco, Veracruz y Yucatán.

Ello es importante dada la frecuencia e impacto que significan comicios tan habituales en todos los niveles de gobierno. Hace unos días se celebraron justamente elecciones en el Estado de México, Nayarit, Coahuila y Veracruz. Antes de ello, hace unos meses, se llevaron a cabo elecciones en Puebla y Veracruz, entre otros. En un año, algunos de estos estados estarán celebrando de nuevo elecciones, por lo que la saturación del electorado de campañas políticas pondrá a prueba el vencer al abstencionismo.

Lo cierto es que las reformas político-electorales han transformado el panorama y calendarios de todas estas elecciones, en su mayoría para homologar y disminuir el plazo y número de elecciones. Sin embargo, el fenómeno de la eleccionitis, las elecciones recurrentes de funcionarios federales y locales, ha explotado en el panorama político durante los últimos 10 años. Las reformas electorales, no obstante que han establecido criterios y calendarios específicos para ordenar las elecciones, no han podido detener el crecimiento exponencial de gastos.

De acuerdo con diversas publicaciones periodísticas (http://eluni.mx/2horkpY), basadas en datos del Instituto Nacional Electoral, las elecciones federales y locales del 2011 al 2016 significaron un gasto de alrededor de diez mil millones de pesos. Eso sin contar el dinero negro que se gasta directamente y sin ninguna fiscalización. Ahí se incluyen donaciones en especie y efectivo, las que contienen incluso pagos directos a medios locales para crear impresiones positivas de sus candidat@s de elección popular o hasta los descuentos que ciertos partidos les hacen a sus legisladores (como ha sido el caso del PRD y Morena con López Obrador) en sus sueldos para financiar campañas. El propio INE señala que, en el Estado de México, de acuerdo con un informe preparado para ello en términos de su Sistema Integral de Fiscalización al 6 de mayo de este año, los partidos políticos gastaron, en promedio, cuatro millones de pesos por día en sus campañas.

Ello se basa en los datos proporcionados por los propios partidos políticos y no incluye los tiempos oficiales en radio y televisión (gratuitos en tiempos de campañas, pero con un costo real elevado) y gastos no reportados oficialmente.

Cabe preguntar si es necesario hacer más económicos los procesos electorales. Lo cierto es que el impacto económico y político de estos estados está ahí y han creado una carrera de gasto electoral incremental. Por ejemplo, el Edomex representa 13.2% del electorado nacional y su PIB es el 9.3%. Veracruz, que no eligió gobernador, representa el 6.5% del electorado nacional. Estos y otros estados serán clave en los comicios de junio de 2018.


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