Desde hace algunos años, las organizaciones criminales y extorsionadores han hecho de ciertas regiones de países como México verdaderas cunas de la más baja expresión de la naturaleza humana. Utilizando fuerza bruta y un poderío operacional muy grande, diversas organizaciones de narcotraficantes, extorsionadores y hasta chupaductos obtienen rentas ilegales donde el Estado no llega. Las ganancias son grandes, pero las pérdidas humanas y logísticas también lo son.

El control que ejercen las organizaciones tradicionales de la delincuencia se pierde rápido. Se diluye su poder ante los embates de las fuerzas de seguridad del Estado y otras organizaciones. En otras palabras, el riesgo es muy alto y, por tanto, el retorno de la inversión enorme. No así con otro tipo de organizaciones criminales más modernas y mejor entrenadas.

Me refiero a los grupos de hackers, privados o patrocinados por gobiernos, que causan caos en la economía de países, empresas y hasta el Sistema Nacional de Salud de Reino Unido. El más reciente episodio de este tipo tiene que ver con la explotación a una vulnerabilidad de software del sistema operativo Windows de Microsoft. En un episodio que pareciera sacado de las películas de espías, una organización llamada “Shadow Brokers” utilizó esta vulnerabilidad para causar caos en las computadoras de cientos de empresas, organizaciones del gobierno y miles de empresas.

El resultado fue la usurpación masiva de los datos de miles de personas que vieron sus computadoras bloqueadas por un virus llamado WannaCry hasta en tanto no se pagara una suma de dinero a una organización criminal nebulosa y a miles de kilómetros de distancia, conectada por el internet. Es un retorno de la inversión alta con un riesgo bajo, el sueño de ingresos que toda organización criminal quisiera tener.

En esta ocasión, nadie se salvó. Países de donde tradicionalmente se originan hackeos por razones comerciales o hasta de espionaje (China y Rusia), vieron miles de computadoras con Windows instalado vulnerados por este virus. Entre ellos, cajeros automáticos, sistemas de gobierno, plantas de energía y hasta plantas de manufactura. El efecto pudo haber sido más grande si no es porque una persona encontró una debilidad en el virus.

En México, la propia Canieti, la cámara industrial de electrónica y telecomunicaciones, estima que 89% de los ciberataques son motivados por razones financieras o de espionaje. Lo cierto es que en la era de la información es precisamente la información personal la más vulnerable y comercialmente valiosa. La información es poder; no sólo político, sino económico. Así lo demuestra no sólo este virus, sino los hackeos gubernamentales de Rusia en las computadoras de candidatos de elección popular en EU, Francia y hasta México. Se ha vuelto el impuesto que tenemos que pagar por las ventanas y manzanas, Androids o iPhones que cargamos todos los días.


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