Peter Thiel, cofundador de PayPal e inversionista inicial de Facebook —y ahora asesor de Donald Trump—, en una conferencia y ante la pregunta expresa del moderador, se pronunció en contra de los monopolios. Siguiendo la doctrina económica convencional, con la autoridad de un multimillonario con inversiones en Silicon Valley, criticó que las prácticas monopólicas de industrias en telecomunicaciones y otras maximizan sus propios beneficios, afectando así a los consumidores.

Todo pareciera bien hasta ahí. Está ampliamente documentado cómo diversas empresas con poder sustancial en estos mercados —como Comcast (la principal cablera de EU y dueña de NBC)— fijan precios monopólicos y cabildean con el gobierno, mediante aportaciones financieras a las campañas políticas y otros medios, para mantener el statu quo.

Sin embargo, está ahora surgiendo un nuevo tipo de monopolios y prácticas que, usando el factor cool, se disfrazan de inocentes ante los consumidores. Empresas de la industria de tecnología en EU que —algunas de ellas— por años fueron víctimas de prácticas monopólicas de otras empresas e industrias relacionadas, como las de telecomunicaciones, fabricación de semiconductores (como Intel) y hasta sistemas operativos (Windows), y que llevan a cabo ahora estas mismas a la par de su enorme crecimiento.

Así, en Europa —con una tradición más protectora de los derechos de los consumidores— han impuesto, a través de la Comisión Europea, una enorme multa a Google por prácticas violatorias de las leyes europeas de competencia económica. Ayer, en un anuncio de la comisionada europea de Competencia Económica, Margrethe Vestager, se dio a conocer la imposición de una multa de dos mil 400 millones de euros por haber abusado de su servicio de comparativa de compras a través de su portal, dándole preeminencia frente a sus competidores, abusando así de su posición dominante. En su anuncio, la comisionada señaló que estas prácticas “niegan a otras compañías la oportunidad de competir por sus méritos e innovar”.

Ha surgido también el debate de si ésta y otras empresas tienen demasiado poder de mercado. A la par de su enorme y rápido crecimiento, empresas como Google, Facebook y Microsoft (mucho más antigua que las primeras dos) han pintado un enorme blanco en su espalda para que tanto reguladores como competidores más pequeños tengan excusa para atacarlos.

La realidad es que mientras en Estados Unidos la regulación es mucho más laxa y permisiva, en Europa es más restrictiva y vigilante. No es la primera vez que se le imponen multas significativas a empresas de tecnología como Google por prácticas monopólicas o violaciones a sus leyes de protección de datos. Por ejemplo, en 2008 Microsoft fue multada con 900 millones de euros, en 2009 Intel con mil millones, en 2015 Qualcomm con dos mil millones, Apple en 2016 por impuestos y Facebook en 2017 con ciento diez millones, por usar datos de usuarios de su plataforma de WhatsApp.

Así, pareciera que Peter Thiel se debe morder la lengua. Las empresas más grandes de la industria en la que ha creado su fortuna parecieren haber caído en los mismos manejos que antes criticaban.


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