Con la debilidad del precio del petróleo y desaceleración global, México ha tenido que ajustar sus instrumentos de política fiscal y monetaria.

Los economistas hablan, en sus términos más básicos, de las dos palancas principales para ajustar las variables macroeconómicas de cualquier economía: la política monetaria del banco central y la política fiscal de los responsables del manejo de las finanzas públicas. En ese sentido, cualquier movimiento de estas dos políticas causan efectos en el crecimiento de una economía como la nuestra. Es el segundo de estos principios el que año con año se diseña por parte de la Secretaría de Hacienda y se discute y aprueba por parte del Congreso, siempre tomando en cuenta indicadores de ingreso y gasto, como en cualquier transacción contable, donde debe existir un haber y un deber que idealmente sumen cero.

Con la debilidad del precio del petróleo a nivel mundial y otros factores de desaceleración de economías como China y EU, México ha tenido que ajustar los instrumentos de política fiscal y monetaria. Bajo estos principios, en materia de política fiscal, el Paquete Económico 2017 presentado ante el Congreso el pasado 8 de septiembre se avizora para un año complicado en materia de ingresos petroleros (que antes sumaban alrededor del 33% de los ingresos y que este año suman alrededor de 15%), y de un recorte del gasto público de $239 mil millones de pesos para 2017.

Fuente: político.mx 8 septiembre 2016

La realidad es que los recortes al gasto que más afectan a la economía son los programas de inversión en materia de infraestructura, telecomunicaciones, salud, educación y energía, entre otros. El problema no sólo afecta los ingresos de las empresas que participan en las licitaciones de proyectos como la infraestructura carretera, las redes de telecomunicaciones del gobierno o la inversión en plataformas petroleras de Pemex, sino que existe un efecto multiplicador de estos recortes en la economía en su conjunto.

Los economistas denominan a estos efectos multiplicadores como el multiplicador fiscal y el multiplicador de inversión. La teoría señala que el incremento o disminución del gasto del gobierno y la modificación de los impuestos generan un efecto que se replica en distintas capas de los que participan en una economía. Así, en el caso de los recortes a proyectos de infraestructura, los empleados de una compañía constructora reciben menos ingresos y compran menos bienes y servicios. Las empresas que a su vez venden productos y servicios a esos trabajadores disminuyen sus ingresos y así sucesivamente. Lo mismo sucede en la inversión; los efectos multiplicadores de un incremento en proyectos de inversión público o privada se replican en cada capa del ecosistema económico.

Es por eso que los recortes previstos al gasto público, los proyectos de inversión y programas del gobierno como México Conectado, el Programa Nacional del Emprendedor y el Fondo Nacional de Infraestructura, por nombrar algunos, tienen un efecto multiplicador que se replica en toda la economía.

¿Qué queda por hacer? Los remedios son multifactoriales, pero en gran medida puede entrar el Banco de México con las tasas de interés, la emisión o compra de bonos y otros instrumentos. El gran riesgo es que se multiplique ahora la inflación, otro gran mal para los ciudadanos.


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