Dicen en ciertas industrias controversiales que cuando se quiere dialogar sobre algo se grita con altavoz. Es éste el caso de las telecomunicaciones y radiodifusión en México; con la confrontación de la convergencia tecnológica de diferentes servicios como telefonía, internet y datos —antes separados— se han ido construyendo rivalidades entre grandes consorcios que antes no se tocaban ni con el pétalo de una rosa.

La narrativa, hasta hace unos años, es que vivíamos en un país en donde los precios de servicios como la telefonía eran ridículamente caros. No sólo era narrativa, sino que los hechos, a través de cifras de organismos como la OCDE, el Banco Mundial, la CEPAL y otros, confirmaban un sobreprecio por prácticas monopólicas que los consumidores absorbíamos en nuestros recibos telefónicos.

Un poco más a futuro, pero antes de la reforma de telecomunicaciones de 2013, la narrativa se transformó en los mensajes que se construían por la rivalidad de grupos y la homologación de las opiniones de analistas (el “nado sincronizado” se le llama en el argot de la industria), think tanks y estudios ad hoc a las necesidades del día. Los datos de unos eran refutados por otros con cifras y opiniones, siempre en línea con la narrativa del grupo industrial del que se trataba. Si uno decía que los precios eran muy altos en el mercado de datos, el otro en el mercado de publicidad. Ambos se acusaban de abusos y prácticas monopólicas.

Sin embargo, ahora esta propia narrativa ha cambiado, principalmente con los efectos de la Reforma de Telecomunicaciones de 2013. Si bien la rivalidad de grupos industriales ahí sigue, los mensajes se han atenuado principalmente por el factor disruptivo del internet. En el caso de la industria de radiodifusión, el consumo de televisión y radio ha disminuido por fenómenos como Netflix y Spotify. En el caso de las telecomunicaciones, la industria ha cambiado hacia la oferta de paquetes de datos, aunado a que hay un nuevo entrante en México que causó la baja de los precios significativamente (AT&T).

La más reciente encuesta de la Asociación de Internet.mx (antes AMICPI) sobre hábitos de consumo de internet lo confirma: de 2015 a 2016, hubo un crecimiento de seis por ciento en la penetración de internet en México para llegar a 70 millones de usuarios mayores de seis años (en 2012 eran 45 millones de usuarios). Adicional a ello, la encuesta arroja que los consumidores pasan alrededor de ocho horas al día conectados a internet (supongo que por los smartphones), mientras que a la televisión alrededor de tres horas y en el radio, dos horas con 50 minutos.

Esto habla de una revolución de consumo que ha causado crisis en los modelos de negocios, no sólo de estas industrias, sino también de la publicidad, periodismo escrito, publicaciones y otras. Ahora, los debates entre grupos industriales ya no son por mantener el statu quo, sino por obtener clientes nuevos bajo un nuevo modelo. La narrativa ha cambiado otra vez.


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