Decía Milton Friedman, el afamado economista de la Universidad de Chicago, que la inflación es el mayor impuesto a la población sin la necesidad de legislar. ¿Qué significa en términos llanos la inflación? Es un aumento generalizado de los precios de bienes y servicios en la economía, restando valor adquisitivo a la moneda. Así lo vemos ahora en Venezuela, el país con mayor inflación a nivel mundial, con un estimado de 2,000% del bolívar. El valor de su moneda virtualmente disminuye al momento en que cambia de manos o se guarda en el bolsillo. México, generalmente después de crisis económicas importantes, por muchos años fue azotado por cifras de inflación que mermaron significativamente en el poder adquisitivo.

En estos días, mucho hemos escuchado sobre este fenómeno en círculos económicos y financieros, generalmente con señales de alarma por parte de algunos medios; la semana pasada, el Inegi publicó las cifras, la cuales llegaron al porcentaje “alarmante” de 6.44% anual. No tardarán los oportunistas en asignar culpas, sonar las alarmas y aprovechar el momento para politizar un tema que poco entienden y usan para jalar agua a su molino político-electoral. Sin embargo, fuera de todo el ruido mediático o político, lo cierto es que la inflación está controlada.

En una interesante conversación con Alexis Milo, economista en jefe de HSBC México y amigo, me explicó las causas de las cifras “tan altas” de inflación y la posible correlación con el tipo de cambio. Sobre la depreciación del peso contra el dólar, mucho de este efecto inflacionario se debe a las expectativas de las empresas con respecto a los precios. Así, con la llegada de Trump, muchas empresas tuvieron la previsión de incrementar sus precios y la posible alza de los precios de bienes importados de los que dependen. Sin embargo, me comenta, el efecto de la depreciación del peso frente al dólar inició en noviembre de 2014, principalmente por la caída del petróleo. A la fecha, la devaluación ha sido de alrededor del 30%, mientras que la inflación de 12%, lo que desestima una correlación.

La realidad es que la devaluación del peso no se ha trasladado. De acuerdo con sus datos, ésta más bien tiene que ver con: el aumento de los precios de la gasolina (20%), el aumento de costos de transporte público y el aumento en algunos alimentos como el tomate.

Por una suma de circunstancias, éstos han sido mitigados por la disminución de los precios de otros bienes y servicios como las telecomunicaciones. Dada la aguerrida competencia en servicios como telefonía celular y datos entre operadores, los precios han disminuido. Adicional a ello, las expectativas de la economía en general han sido positivas, mucho más de lo esperado. Por ejemplo, el efecto de Trump ha bajado, ha habido un crecimiento mejor de lo esperado del PIB (2.0% frente al consenso de analistas de 1.5%) y las finanzas públicas están sanas.

Para el próximo año, los precios se van a estabilizar con una inflación de 4.0% y para el 2019 de 3.5%; todo ello a pesar de las elecciones presidenciales. ¿Se calentarán los ánimos el próximo año? ¿Habrá shocks inflacionarios? Las cifras son mucho más alentadoras que lo que muchos hacen creer.


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